Aprender a gozarse cada momento en la naturaleza: La experiencia de Julián Manrique

Updated: Feb 19

Por primera vez, cambiamos el enfoque de nuestras entrevistas para conocer más experiencias de viaje por Colombia. Empezamos esta nueva ronda con alguien de la casa, Julián Manrique, co-fundador de Tingua Hidden Journeys, quien además es realizador audiovisual y el fotógrafo de nuestra primera colección de tesoros escondidos. Julián participó en la realización del documental THE BIRDERS, A Melodic Journey through Northern Colombia; y dirigió algunos de los cortos regionales que acompañaron esta producción. En esta entrevista quisimos saber más sobre su proceso que lo llevó a convertirse en aficionado al avistamiento de aves, y fotógrafo de las mismas.

Hidden Journeys: Gracias por participar en esta entrevista, para empezar, cuéntanos quién eres, a qué te dedicas y cuál ha sido tu experiencia viajando por Colombia


Julián: Mi nombre es Julián Manrique y soy realizador audiovisual. Últimamente he grabado un poco más de naturaleza, lo que me ha hecho viajar por más partes de Colombia, y mi experiencia ha sido positiva porque últimamente he podido viajar a lugares a los que antes no podía ir.


HJ: ¿Cuál ha sido el viaje dentro de Colombia que más te ha gustado?


J: La Sierra Nevada de Santa Marta es uno de los lugares más especiales, por su diversidad, su paisaje, y por la importancia que tiene. También me gustó mucho Mitú. Allá estuve haciendo un documental de aves con una protagonista estadounidense, en el cual visitamos las diferentes zonas de Mitú para pajarear y ver toda la diversidad que hay cerca. En ese lugar convergen muchas comunidades indígenas, y para ir a cada zona tienes que pedirle permiso a la comunidad que la habita. Es muy interesante porque uno entra por el patio de la casa de ellos, para caminar y encontrar muchas especies.


HJ: ¿Cómo fue empezar a grabar y fotografiar aves en Colombia?


J: Siento que es una narrativa diferente, porque siempre me han gustado los retos para tomar fotografías y contar historias, y con la naturaleza me pasaron dos cosas: uno, es un mundo que había estado completamente oculto en mi cotidianidad y todo lo que hacía de aventura. Me di cuenta de que estaba viendo solo la mitad de todo, porque la otra mitad lo tiene la naturaleza, el bosque, y tiene una vida inmensa que yo no estaba viendo. La otra cosa que también me cambió mucho es el hecho de no poder controlar la situación. Eso es algo que quería probar, lo había descubierto grabando documentales de ciclismo un poco, pero es un mundo completamente diferente porque no puedes controlar la vida salvaje, sino que tienes que adaptarte al ritmo de los animales. Es un reto muy emocionante.


HJ: Y ahora que además no es solo tu reto para grabar y trabajar, ¿qué fue lo que te encantó para volverte aficionado al avistamiento de aves?


J: Yo creo que fue darme cuenta de todo lo que me rodea y todo lo que puedo llegar a ver en mi vida, así haya conocido un lugar cinco o diez veces, o haya ido al mismo mirador, cada salida es una experiencia nueva. No importa donde uno vaya, siempre está rodeado de naturaleza, es algo muy bonito porque estás rodeado incluso en el patio de la casa, está en todo lado.


HJ: ¿Qué le recomendarías a alguien que quiere empezar a descubrir ese mundo de la naturaleza?


J: La verdad no sé, porque si no hubiera sido por mi trabajo, no hubiera sido tan aficionado. Incluso en The Birders no fui tan aficionado y eso que fui asistente de profesionales en el tema y vi los pájaros con los binoculares, y sus comportamientos; no fue sino hasta que me tocó interactuar con ellos, grabarlos y narrar historias con ellos que me enganché tanto. Suceden tres cosas, hay gente que se engancha mucho, hay gente a la que solo le gusta, y hay gente que les parece chévere pero que no le ven mucho valor agregado. Yo habría sido de los terceros, pero fue por ese reto y ese ejercicio mental de estar escuchando y estar más pendiente que me motivé mucho.


Al final, depende de la persona, se requiere mucha paciencia y yo no soy muy paciente, pero me gusta retarme en ese sentido y salirme de mi zona de confort. Creo que para que alguien pueda empezar primero debe encontrarse a si mismo, saber qué le gusta, si le gusta salir a la naturaleza y caminar, o si a veces se aburre, pero le toca caminar por algún lado, puede hacer el ejercicio de empezar a estar más pendiente simplemente escuchando qué está alrededor. Es una invitación a estar conscientes y asombrarse con cualquier cosa que aparezca así sea en el parque.


HJ: ¿Hay algún lugar que recomiendes para personas que no sean avistadores aficionados, sino que apenas estén empezando?


J: Sí, y también depende de la persona. Si es una persona que le gusta caminar y salir al aire libre, y tener esa actividad como en un segundo plano, la salida a Monserrate es genial, porque uno puede subir caminando y puede ir paciente, lentamente, escuchando y mirando. Tener unos binoculares cambia mucho la experiencia y es algo que también me di cuenta después de un rato. Incluso prefiero a veces verlos con los binoculares que tomar foto, porque sé que con la foto puede que no me quede bien, mientras que con los binoculares por lo menos lo puedo detallar. He visto gente que se pone los binoculares y quedan sorprendidos de ver otro mundo, eso también es muy emocionante.


Entonces, si la persona le gusta caminar al aire libre, caminar por Monserrate y llegar arriba a donde están todas las flores y estar pendientes, quedarse esperando cinco o diez minutos en silencio o hablando bajito. El ejercicio mental de contar cuántas especies uno puede ver también es interesante. Si una persona solo quiere ver animales y sorprenderse por primera vez, recomiendo ir al Observatorio de Colibríes de La Calera, que tiene 13 especies que lo visitan y no hay que caminar, solo llegar a la finquita y ahí está todos. Es óptimo para aprender de toda la variedad que tenemos alrededor.


HJ: Ahora que estamos vendiendo la colección de fotografías de colibríes que tu hiciste, ¿qué te ha sorprendido de la reacción de la gente?


J: Hay dos grupos, unas personas que nunca habían estado en contacto con tanta variedad, tantos colores y tantos tamaños; como hay otras personas que ya habían estado relacionados con los colibríes y les recuerda algún evento, o se acuerdan de la finca, o los tienen en el jardín de la casa de la abuelita, o en el de su casa aparecen, los relacionan y generan cierto cariño con ellos. Es lindo ver ambos puntos de vista.




HJ: ¿Qué aprendizaje te gustaría compartir con las personas que estén interesadas en empezar a ver o fotografiar aves?


J: Ser un poco más paciente de lo que uno puede llegar a ser, porque justo en el momento que uno deja de ponerle atención a un punto o que se descuida y se va a ir, es cuando aparece el momento que estaba esperando. Me pasó muchas veces, uno ya da por hecho que no va a volver este colibrí o tal especie, y justo cuando uno ya está empacando, vuelve y aparece. Uno siempre puede llegar a ser un poco más paciente, y eso tiene sus recompensas.


HJ: ¿Cuál ha sido el ave que más te ha gustado ver en Colombia?


J: Por esfuerzo, el Gallito de Roca en Mitú, porque nos tocó caminar como siete horas para encontrarlo. Apareció y se dejó grabar y fue muy chévere ese momento. Logré captar un poco más de interacción con las hembras. Pero mi preferido, quizás el red-capped manakin que me hizo el display de danza, macho y hembra, y los pude grabar.


HJ: ¿Te parece que el avistamiento de aves es una actividad que se puede combinar con actividades culturales?


J: Creo que el hecho de ir a ver aves tiene un componente contemplativo y físico, porque tienes que caminar. Una cosa es ir a ver colibríes, y la otra es hacer avistamiento de aves. El valor añadido puede ser comprender dónde estamos y cómo han hecho en este lugar para lograr la conservación de las aves, cómo están actuando los agentes locales para poder generar este tipo de turismo. Es un desplazamiento lo que estás haciendo y en ese desplazamiento está contemplado el paisaje de manera integral.


HJ: ¿Hay algún lugar en Colombia que recomiendes que tenga ese componente cultural?


J: Los llanos. Es uno de los lugares más fáciles para ver aves, para salir en familia o en pareja y maravillarse de tanta variedad. Los llanos lo tiene todo, tanto mamíferos como reptiles, pájaros, es muy chévere y tiene el componente cultural con toda.


HJ: Para finalizar, ¿alguna recomendación en especial que quieras darle a nuestros viajeros?


J: Que se gocen cada momento que estén afuera. Que cada vez que estén en la naturaleza, que estén más pendientes de su alrededor, que se pueden estar maravillando de un mundo oculto.


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